viernes, 3 de mayo de 2013

RECUERDO EL FUTURO


            Recuerdo el futuro. Tu pelo mecido entre las sábanas. Reclamándome inconsciente con la piel desnuda y tenue. Dormías, me soñabas… te erguías como una ninfa segundo tras segundo. Y roncabas como esas niñas que no lo reconocen nunca y vuelven la cara… Me encantaba.
            Y azúcar, azúcar por la mañana. Vuelta y vuelta al croissant, zumo de naranja en copitas de cristal de Murano. Las copas en una bandeja acompañadas de café caliente y espumoso. A los pies de la cama y encima, nuestra bandeja plateada. Y sobre la almohada despertando: Tú. Tú cubierta con la sonrisa más resplandeciente de las diez mil una que tienes.
            Acto seguido nos veo masticando las gominolas de nuestros labios. Abriéndonos con susurros valientes párpados. Nos percibo arropados por el sol abuhardillado y una velada en que el amor no calló y supo pronunciar su nombre con letras mayúsculas… Sin titubeos, sin dudas.
            Luego detienes el abrazo de tus ojos y me dices: “Azúcar, dos cucharaditas de azúcar, por favor…”
            Recuerdo el futuro: ahora estamos en tu cocina. Experimentamos nuevas recetas y en la encimera hay una botella de Somontano recién abierta. Tu hijo baja las escaleras del duplex y entra por sorpresa. Se le antoja un poco del líquido color cereza y le damos refresco de cola. Pero no traga, no bebe y se enfurruña. Me pongo a jugar con él al perrito bueno y el perro malo… Y nos reímos, todos terminamos por carcajearnos entre murmullos burbujeantes de cubiertos, cazuelas y sartenes.    
            A la tarde estamos solos, solos en tu piso. La guerra de nuestros cuerpos empieza sin declaración alguna. Se salta todos los tratados de derecho internacional porque cada uno, y de la forma más insensata, intenta por cualquier medio al alcance conquistar centímetro a centímetro una porción de piel del otro. Abrimos varios frentes y no hacemos prisioneros. Los gemidos se transforman en ruegos de perdición y súplica. Retumban por venas y muslos explosiones prohibidas. Una onda expansiva nos sacude con tal intensidad que perdemos el control de los ejércitos durante un lapso de espacio que carece de tiempo... Inmortal. Lo queramos o no: Inmortal (en eso los enemigos antes o después estaban o estarán de acuerdo).
            Ambos sacamos bandera blanca, nos rendimos inmersos en el instinto delicado y violento de los sentidos llevados al limite. Descubro tarde que me estás haciendo trampa: me pides que te de algo que jamás he ofrecido a nadie…
            Y he perdido porque te lo entrego…Te lo entrego y lo volvería a hacer todas las tardes… (Todos los momentos a tu lado se convertirán en infinitos…
            Recuerdo el futuro y… ya es de noche. Mi cama es demasiado grande y el libro que escribiste se acabó. Está en un rincón de la mesilla, entre el cajón de mi cabeza y el posavasos de mi pecho… El cenicero está abarrotado con colillas de recuerdos grises y polvorientos.
            No te tengo, te perdí hace siglos, ayer, aunque… todavía recuerdo nuestro futuro cuando incluso las noches encendían farolas para observar, para vernos como quién mira algo que pocas veces o ninguna, sucede en el universo… .


José Malvís es poeta y narrador, y envía este cuento para nuestro proyecto Recuerdos del Porvenir

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