martes, 9 de abril de 2013

Y DE PRONTO FUE AYER


Besas mi piel como indultando flores.
Gonzalo Rojas


            Eva olía como los árboles.

Y de pronto fue ayer… No digas que es un sueño. No vuelvas a decir que es imposible. Entre los tilos de la orilla nada puede hacernos daño y me imagino que el futuro es querer verte mañana. Y este deseo se me impone de inmediato, sin titubeos, salvajemente. Es tan sencillo amarte, tan natural, tan espontáneo, como hablar, respirar, comer, beber o pescar truchas con la mano. Y me obsesiona esta implacable realidad, casi inhumana, de espiarte en secreto, sorprendiéndome a mí mismo.

         La tarde está naranja y salta hasta tus ojos, muestra su flanco de salmón espléndido. No sé por qué razón ver, como un guardián, cómo te bañas en el río y cierras los ojos, mientras que un sol reflectante y líquido lava sus pepitas de oro en la corriente, zarandea mi conciencia igual que un sonajero en la mano de un crío, barajando en mi cerebro mis neuronas, confundiéndose las unas con las otras, haciendo que se me ocurran asociaciones imprevistas de ideas a veces disparatadas que, en circunstancias normales, no se me ocurrirían jamás. Es como si las paredes del cuerpo se ensancharan, estrechando el universo, no sé, si eso fuera posible, y en esa cosmogonía el corazón bombease una sangre más ligera y capaz de recorrer distancias enormes sin moverme de mi sitio.

Puedo viajar así por el tiempo y el espacio, contemplar claramente lo mismo el pasado que el futuro en una danza de siglos y otras épocas, sobrevolar ciudades derribadas en el fondo del océano y descubrir, entre las ruinas submarinas y los arcos de piedra por donde toda la noche se oyen pasar peces, una sortija brillando. Y puedo oír todas las voces, todas las voces del mundo que puedo imaginarme. Y esto no puede ser mentira. Así que doy por cierto todo.  

Luego sales del agua como quien entra en el agua, mojándote de otras cosas, porque siempre estás mojándote de algo, de una flor incumplida, de un insecto poco razonable, de esas pequeñísimas hojas verdes que solo tú sabes mirar, que son quizás del reverdecido tamaño de tus ojos, y tu mirada es un barril de manzanas buceando en el desorden acrobático del aire, desparramado entre los pájaros diminutos, qué sé yo, y excitas a tu paso la flexible sombra de las lilas y los ojos empapados de los peces.

         Mientras tanto, un pez vuela a ras de río durante unos segundos, despidiéndose. Los peces envidian tus pupilas. Quieto en el agua, el sol se llena de párpados brillantes. El río es una torre derrumbada por donde trepa el cielo como un príncipe azul. Alguien araña tu nombre en la corteza de un álamo. Y ese no es Adán. Se te oye decir que eres dichosa. Un arce te señala con su dedo índice extendido. El viento se echa a hablar entre las hojas mudas de los bosques. De pronto un fruto condecora la tierra. Tu boca muerde como quien pinta un lienzo. Un rojo inevitable te corrige las comisuras de los labios. Hay un perfume de jarabe sobre el tulipán goteado. Una araña se cuelga de algún pétalo, se ahorca de belleza, exhibiendo el esqueleto del vacío, una red contra la nada. Y esta extremadamente frágil criatura, más bien delicada, analiza conmovida tu silueta y atiende, si eso puede ser, al mapa que atesora tu desnudo para descolgarse por tu codo izquierdo y averiguar el camino que la lleve, en una minúscula excursión adversa, al lóbulo derecho de tu oreja. Yo no sé.

Adán dice que no, que por alguna oscura causa tu indefensa anatomía le hace pensar en diccionarios, en palabras que no existen, en preguntas que no puede formular, en inminentes gemidos que no conoce nadie. Ni siquiera los dioses. Ni siquiera yo mismo. Nada que reprocharle, sin rencor ni vergüenza. No sabría decirlo, pero si el cretino de Adán supiera que el mundo se abrió para ti y, sin un gesto de soberbia, supiera igualmente que una mujer desnuda y que te ama es siempre el salvoconducto de algún dios. No sabría decirlo.

Amar, en muchos casos, es exponerse. Exponerse a fracasar, a decir tonterías, a hacer el ridículo, a no estar a la altura, a que no nos entiendan, a que nos tomen por locos. Por debajo de toda historia que se narra, yace escondida otra historia invisible: la de un ser humano, con sus virtudes y sus defectos, que ha tenido el coraje de asumir un riesgo. Amar es un viaje extraño lleno de extraños peligros. La historia del amor es en gran medida la historia de un miedo. O por mejor decir, las diferentes versiones de cómo determinados seres humanos han aprendido a convivir con sus miedos por obra y gracia del ser amado. Sin miedo no hay amor. Debemos ser conscientes de ello al enfrentarnos a la página en blanco que todo amor es siempre, a despecho de todos los obstáculos, de todas las dificultades, a pesar de todos los miedos, porque todos los miedos son el mismo miedo. Amar siempre requiere vencer una cierta resistencia, atreverse a dar un gran salto en el vacío. Y debajo de nosotros nunca hay red. Si recuerdas las palabras de Holden Caufield al final de El guardián entre el centeno, este aconseja: «No cuentes nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo». Y para amar, en efecto, hace falta estar dispuesto a soportar la carga, más dolorosa de lo que a primera vista parece, de echar de menos a todo el mundo.

Sé tanto, sin saber. Hoy vuelve a ser tu cumpleaños. Adán, tu novio, te avisa de que el almuerzo de almendras y lasaña está ya preparado sobre el mantel a cuadros, bajo el fresco cobijo de los robles. Y me recuerdas cómo se puede echar de menos lo que nunca he tenido. Y yo, que todo lo sé y todo lo puedo, como un dios, salvaje y huérfano, solo sé que puedo echar de menos a alguien como tú porque te echo de menos.

Ahora lo sé.

De modo que llorar es esto.

Tu ausencia huele también como los sauces.

Me mira una serpiente y teorizo y me arrepiento. Pienso en la gravedad que pende del hilo de un manzano.



Este primer cuento para el proyecto "Recuerdos del Porvenir" nos lo ha remitido Alejandro Lérida Hormigo (Sevilla, 1979); autor con una relevante trayectoria en el ámbito de la poesía y de la narrativa. Podéis seguir su andadura acudiendo a su bitácora personal: http://enarmascontralasoledad.blogspot.com

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