jueves, 26 de enero de 2012

DÍA DE CAZA

Había vuelto a suceder.

Cerró los ojos de inmediato y esperó cinco segundos antes de volverlos a abrir. Así les daba tiempo para irse lejos de sus pensamientos. Ambos aparecieron a su espalda, reflejados en el espejo del cuarto de baño mientras se estaba afeitando. Del susto, casi se pega un tajo. Al ver las gotitas de sangre saliendo de detrás de la oreja lo consigue entender al fin. Vienen buscando venganza…

Porque él sigue vivo y ellos no.

-¡Puta mala suerte! -desearía una y mil veces no haber salido tan temprano esa mañana ¡Ojalá se hubiera quedado dormido! Pero no fue así, aquél día no había despejado aún la niebla de la madrugada cuando ya estaba arrancando el coche camino de la sierra. Llevaba a los perros detrás, sabían que iban de caza, por eso ladraban nerviosos.

Quizá eso le distrajo… quizá.

Repite en su mente la escena, pero nunca consigue frenar a tiempo cuando se le viene el primer ciclista encima. Y de inmediato, el segundo. Allí perecen los dos. No es médico, pero no le hace falta un título para saber que ya no hay nada que hacer por ellos. Echa una mirada alrededor, todavía es muy temprano para el resto del mundo ¡Perfecto!

Los perros ladran al oír de nuevo el motor.

Pero hoy no cazarían.

                                                                Caridad Bernal
















miércoles, 18 de enero de 2012

PAPÁ

Recuerdo el objeto tan absurdo que era
su silla vacía.
Su silencio cargado
de cosas antiguas,
de polvo.
Recuerdo todo lo que nunca dijo
y una pequeña alegría
que dormía escondida
en el bolsillo derecho de su chaqueta.
Recuerdo sus ojos
de un marrón imposible
que condensaba todos los bosques,
bosques desbordados de hojas de otoño
detrás de los que habitaban pequeños animales
llenos de ternura
llenos de pasado
esos ojos que acariciaban de forma leve
el contorno de las cosas.
Recuerdo que paseaba con las manos en la espalda
y la vida desgastada
Recuerdo que era fácil.
Recuerdo que no quería que yo llorara.
Recuerdo que no le importaba
que yo no comprendiera la mayoría de las cosas.
Nunca volveré a ver una mirada como aquella
Nunca más una mirada será suficiente

                             María Pérez Collados