jueves, 31 de marzo de 2011

LO QUE FUE DE NOSOTROS

El lunes llegarán al domicilio social de nuestra editorial, las cajas con los libros de nuestra nueva novela: Lo que fue de nosotros. Lo que fue de aquella pareja, cuyo pequeño hijo de tres años fue asesinado, lo que fue de cada uno de ellos, y la mirada de un comisario de policía, a punto de jubilarse, que sabe que la vida se le escapa.

Puedes comprarla ya en la librería de este Blog, y te llegará a tu casa sin gastos de envío.



SINOPSIS:

Un niño de tres años es vilmente asesinado de un golpe en la cabeza. Los padres, golpeados al igual que su hijo por las terribles fuerzas de lo irracional, se ven obligados a mirar, por vez primera y sin falsos tapujos, dentro de sí mismos.

Ante la imposibilidad de hallar culpables, un terrible sentimiento de ansiedad se cierne sobre ellos. El resentimiento y la rebeldía irrumpen con diversos matices en sus vidas y les hace iniciar caminos no solo distintos, sino profundamente anta-gónicos. Él, el padre, cercano a la locura, opta por encerrarse en sí mismo, incapaz de asumir lo irremediable de su desgracia; ella, la madre, decide en cambio aceptar la tragedia como inevitable y aprove-charla como excusa para salir de una vez por todas del cascarón de desidia donde ha vivido recluida hasta ahora. Junto a ambos, un viejo poli-cía, próximo a la jubilación, siente que está quemando ya sus últimos cartuchos y que apenas le quedan oportunidades para rectificar.



LA COLECCIÓN

ediciones Nuevos Rumbos regresa a las librerías inaugurando su colección Fuera de Serie. En ella, tendrán cabida ciertos autores que, a pesar de haber acumulado ya una importante trayectoria literaria, no han logrado aún la trascendencia que hubiera sido deseable.

EL AUTOR

A través de esta colección, nuestra editorial apostará por un autor, y en este caso lo hace por un narrador, Carlos Manzano (Zaragoza, 1965), que ha publicado con anterioridad las novelas Fósforos en manos de unos niños (Septem ediciones, 2005), Vivir para nada (Mira editores, 2007), y Sombras de lo cotidiano (Mira editores, 2008); siendo, además, Coordinador de la revista electrónica de literatura Narrativas.

LAS ILUSTRACIONES

Como siempre, nuestros libros se presentan ilustrados con el mayor de los cuidados. En esta ocasión, la ilustradora que ha puesto imágenes a las palabras del autor ha sido Palmira Morán.





Presentaremos la novela el día 14 de abril, a las 19.30h en la Biblioteca de Aragón de Zaragoza. Asistirán al acto el autor y los escritores Miguel Mena y José Luis Orós. Como ocurre siempre en las presentaciones de libros de nuestra editorial, también acudirán a la presentación algunos de los personajes de la novela. Y si llevas tu libro comprado a través de nuestro Blog, el autor te lo podrá dedicar.












jueves, 24 de marzo de 2011

UN OLOR A ALBARICOQUE

I

Es algo así como una caricia longeva y dulzona, prolongada
a consciencia, más que una acometida impetuosa

Un rechinar del despojo de abalorios y oropeles,
de las supersticiones y los vínculos

Un rozar de carnes de expósito,
una raigambre común amorfa,
una asfixia de melenas

Una tregua de libertad sin paliativos
en un cosmos atípico revestido de condescendencia

Una vorágine de flujos, vísceras y promesas
que dejan el testimonio de su paso por la tierra
en las sábanas desfloradas
y el tiempo queda relegado, de nuevo, a la divagación

De hecho, no me molesto en mensurarlo
me basta con saberlo irreductible
como yo,
como su caótica predisposición por sobrevivir

 
II

Y es aquí
a resultas de la epifanía delirante
heroicamente exiliado, jadeante y húmedo
en el apéndice de la devastación recíproca
cuando alcanzo a entender

 
que sólo aspiro a camas de hielo con olor a albaricoque

 
                      Josep Mª Torrent Santamaria

viernes, 18 de marzo de 2011

PÁJAROS. III: VENCEJOS

Yo pude ver, la otra tarde,  el vuelo rapidísimo y rasgado del primer vencejo, huésped de honor de las torres españolas. El señor vencejo aparece en nuestra patria después de la cigüeña y la golondrina, cuando florecen en los patios andaluces y en las plazas de Castilla las primeras Cruces de mayo.

El señor vencejo vuela veloz, como ningún otro pájaro, en torno al campanario y anida siempre cerca de las campanas, amigo del sacristán y del monaguillo quienes le respetan y estiman como a un huésped que sólo irrumpe en tales alturas cuando el sol brilla por todo lo alto.
Yo recuerdo-estampa grabada de mi infancia pueblerina- a los chicos saliendo de la escuela, cartera en bandolera y ánimo de persecución hacia los pájaros. Hacían un hueco circular en un trozo de papel que tiraban al alto en dirección al vuelo de los vencejos. Alguno de ellos caía en la añagaza. Inconsciente en su raudo vuelo, iba hacia el engaño y, al introducirse en el hueco del papel, caía a tierra sin remedio alguno. Allí quedaba sin poder volar. Siento aún la angustia que experimentaba entonces y mi hondo deseo de ver otra vez al vencejo en franco ascenso. Alguno, bien tirado hacia arriba, si cogía aire, tornaba a su vuelo. Pero eran muy pocos. Los chicos, asustados de su diablura, huían a toda prisa como si el propio sacerdote, subido a lo más alto de la torre, les lanzara un anatema. Entre mis manos el pequeño cuerpecillo tibio y con un pálpito acabado.

Es el vencejo el pájaro que menos tiempo permanece en España. Llega tarde y se va pronto. Diríamos que está a nuestro lado lo que una flor. Cuando cae la tarde veraniega, en esa atmósfera pesada y somnolienta de menta y ámbar, desdibujada entre dos luces, los señores vencejos cantan el ocaso solar y arman tal algarabía que no hay ser humano que no mire hacia lo alto. Sobre las tapias vienen oleadas de perfumes de árboles y flores. Todo huele bien. Hasta el asfalto. En los ardores de julio, en el cielo de nuestra ciudad, ponen, a veces, su nota oscura y rauda los vencejos. Le recomiendo, peatón de la urbe, que, entonces, agudice su sensibilidad, se detenga un momento y eleve la cabeza para ver y admirar el vuelo del señor vencejo que canta la gloria plena del verano.



                                                               Maruja Collados

jueves, 10 de marzo de 2011

PÁJAROS: II. GOLONDRINAS

La señorita golondrina se posa en la vara de San José y antes de que llegue la primavera llama a los balcones de las señoritas provincianas en el supuesto de que borden en bastidor, toquen al piano una melodía de Chopin, o admiren en una novela histórica las hazañas de un caballero heróico.

La señorita golondrina no quiere dejar de ser romántica y hasta prefiere que la llamen cursi con tal de hacer nidal en las casas donde viven muchachas enamoradas. Y es que la señorita golondrina no sabe de tiempos pasados o actuales. La señorita golondrina es de rancio abolengo y tradición cristiana, amiga de caserones y palacios de balcones barrocos y de aleros en torreones. Busca la soledad en las amplias y antiguas estancias que se cerraron para siempre en luto eterno. Al igual que la señora cigüeña procede del norte africano y vuelve siempre al mismo lugar.

Me gustaría saber qué piensa la golondrina de la mujer cuando llama al balcón de una muchacha en flor y no hay tras los cristales unos ojos bonitos y melancólicos en actitud de espera. Y es que la señorita golondrina no sabe que ya no hay bastidores donde bordar el enlace de unas iniciales y una fecha. Y que la música en conserva ha reemplazado y desplazado al bello clavicordio o al piano de media cola. Y que la novela rosa ha subido tanto de color... .

La muchacha en flor ahora toca una melodía de ordenador por jornadas de ocho horas a las órdenes de un jefe gris de arriba a abajo. Borda números contables en el panteón de cualquier oficina. Lee química, Derecho político, álgebra... . Y no espera a la señorita golondrina. Pero este pájaro es inmutable y está allí siempre, junto al balcón, en vuelos audaces y vertiginosos con versos de Becquer en el pico y nostalgias de tiempos pasados suaves y perfumados de suspiros.


                                                                Maruja Collados

domingo, 6 de marzo de 2011

PÁJAROS: I. CIGÜEÑAS

Por los primeros rescoldos de la Candelaria y San Blas, cuando ya en las praderas y en los ribazos muestran su gracia infantil las sencillas violetas triunfadoras de los últimos hielos, llega la cigüeña. Viene de la fulgurante naranjada africana, sobre los azules mediterráneos, y va en vuelo desde el almirar moruno a la torre española.
En Hijar, yo veo desde mi ventana un antiguo convento de capuchinos derrumbado durante la guerra civil. Ruina total, salvo el frontispicio milagrosamente en pie desafiando aires y ventiscas, y ahí está erguido, con el campanario huérfano de campana. Allí aparece la primera cigüeña para pregonar, desde el hueco en cruz, la nueva del buen tiempo.
Les gusta a las cigüeñas, altivas e ilustres señoras cigüeñas, permanecer hasta por Santiago Apostol en los países de clima suave. Muestran especial predilección por las viejas ciudades, villas y aldeas donde hay castillos, murallas, bellas torres y nobles palacios, romances de heroísmo y grandeza impresos por los siglos en páginas de piedra. Les gustan también las torres de las Iglesias, donde sus nidos simulan atrevidas casas colgantes. De improviso, en un día soleado, la señora cigüeña y su esposo aparecen sobre la torre del lugar. Desde su atalaya velan el sueño de la gente, siguen a la oveja perdida, limpian de insectos dañinos los pastos y celebran sus capítulos a orillas de maléficas lagunas donde la luna se ahorca en el chopo más alto.
Luego dan vueltas sobre los surcales poblando de aleteos el fimamento.


                                                                              Maruja Collados