jueves, 24 de marzo de 2011

UN OLOR A ALBARICOQUE

I

Es algo así como una caricia longeva y dulzona, prolongada
a consciencia, más que una acometida impetuosa

Un rechinar del despojo de abalorios y oropeles,
de las supersticiones y los vínculos

Un rozar de carnes de expósito,
una raigambre común amorfa,
una asfixia de melenas

Una tregua de libertad sin paliativos
en un cosmos atípico revestido de condescendencia

Una vorágine de flujos, vísceras y promesas
que dejan el testimonio de su paso por la tierra
en las sábanas desfloradas
y el tiempo queda relegado, de nuevo, a la divagación

De hecho, no me molesto en mensurarlo
me basta con saberlo irreductible
como yo,
como su caótica predisposición por sobrevivir

 
II

Y es aquí
a resultas de la epifanía delirante
heroicamente exiliado, jadeante y húmedo
en el apéndice de la devastación recíproca
cuando alcanzo a entender

 
que sólo aspiro a camas de hielo con olor a albaricoque

 
                      Josep Mª Torrent Santamaria

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