jueves, 10 de marzo de 2011

PÁJAROS: II. GOLONDRINAS

La señorita golondrina se posa en la vara de San José y antes de que llegue la primavera llama a los balcones de las señoritas provincianas en el supuesto de que borden en bastidor, toquen al piano una melodía de Chopin, o admiren en una novela histórica las hazañas de un caballero heróico.

La señorita golondrina no quiere dejar de ser romántica y hasta prefiere que la llamen cursi con tal de hacer nidal en las casas donde viven muchachas enamoradas. Y es que la señorita golondrina no sabe de tiempos pasados o actuales. La señorita golondrina es de rancio abolengo y tradición cristiana, amiga de caserones y palacios de balcones barrocos y de aleros en torreones. Busca la soledad en las amplias y antiguas estancias que se cerraron para siempre en luto eterno. Al igual que la señora cigüeña procede del norte africano y vuelve siempre al mismo lugar.

Me gustaría saber qué piensa la golondrina de la mujer cuando llama al balcón de una muchacha en flor y no hay tras los cristales unos ojos bonitos y melancólicos en actitud de espera. Y es que la señorita golondrina no sabe que ya no hay bastidores donde bordar el enlace de unas iniciales y una fecha. Y que la música en conserva ha reemplazado y desplazado al bello clavicordio o al piano de media cola. Y que la novela rosa ha subido tanto de color... .

La muchacha en flor ahora toca una melodía de ordenador por jornadas de ocho horas a las órdenes de un jefe gris de arriba a abajo. Borda números contables en el panteón de cualquier oficina. Lee química, Derecho político, álgebra... . Y no espera a la señorita golondrina. Pero este pájaro es inmutable y está allí siempre, junto al balcón, en vuelos audaces y vertiginosos con versos de Becquer en el pico y nostalgias de tiempos pasados suaves y perfumados de suspiros.


                                                                Maruja Collados

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