domingo, 6 de marzo de 2011

PÁJAROS: I. CIGÜEÑAS

Por los primeros rescoldos de la Candelaria y San Blas, cuando ya en las praderas y en los ribazos muestran su gracia infantil las sencillas violetas triunfadoras de los últimos hielos, llega la cigüeña. Viene de la fulgurante naranjada africana, sobre los azules mediterráneos, y va en vuelo desde el almirar moruno a la torre española.
En Hijar, yo veo desde mi ventana un antiguo convento de capuchinos derrumbado durante la guerra civil. Ruina total, salvo el frontispicio milagrosamente en pie desafiando aires y ventiscas, y ahí está erguido, con el campanario huérfano de campana. Allí aparece la primera cigüeña para pregonar, desde el hueco en cruz, la nueva del buen tiempo.
Les gusta a las cigüeñas, altivas e ilustres señoras cigüeñas, permanecer hasta por Santiago Apostol en los países de clima suave. Muestran especial predilección por las viejas ciudades, villas y aldeas donde hay castillos, murallas, bellas torres y nobles palacios, romances de heroísmo y grandeza impresos por los siglos en páginas de piedra. Les gustan también las torres de las Iglesias, donde sus nidos simulan atrevidas casas colgantes. De improviso, en un día soleado, la señora cigüeña y su esposo aparecen sobre la torre del lugar. Desde su atalaya velan el sueño de la gente, siguen a la oveja perdida, limpian de insectos dañinos los pastos y celebran sus capítulos a orillas de maléficas lagunas donde la luna se ahorca en el chopo más alto.
Luego dan vueltas sobre los surcales poblando de aleteos el fimamento.


                                                                              Maruja Collados

No hay comentarios:

Publicar un comentario