viernes, 4 de febrero de 2011

JOHNNY DIVINO

Para muchas chicas a los doce años de edad, sólo habría sido un trozo de paño oscuro cosido por su madre. Con todo el cariño del mundo: ¡oh, claro que sí!, pero nada más que tela al fin y al cabo. No se le habría prestado más atención que la justa, ni mucho menos se le habría escrito un cuento.
Para mí, en cambio, Johnny Divino significó “El Cambio”.
Así se llamó el primer abrigo que tuve de corte elegante. De cuello solapa, y puño americano. Así llamé a la prenda que más estilo tenía en mi armario, cuando todo mi cuarto ya olía a adolescencia.
El nombre surgió de mis labios al momento de probármelo, tras hacerle un dobladillo bien ancho, para que Johnny durase por lo menos tres inviernos.
Ya había dejado atrás la parca con capucha, o el chaleco acolchado. Ya era lo suficientemente alta como para llevar un abrigo de paño negro, de tres cuartos, sin parecer ridícula. No, no, ni mucho menos…, estaba fabulosa, ¡parecía tan mayor! Me encantaba ponérmelo aunque no hiciera frío, lo llevaba a veces por casa aunque no tuviéramos que salir. Yo era otra chica con Johnny, y así se lo decía a mi madre que intentaba zafarse de mí cuando me encontraba con él puesto sin motivo alguno: “Pero mira mamá, ¡si hasta sale música de él!”- y si abrías el interior de aquella prenda, todo de raso negro brillante, podías escuchar a Frank Sinatra cantando… o eso me parecía a mí.
Era magia. Pura magia. Nunca antes nada que hubiese cosido mi madre, ni desgraciadamente después, me hizo tantísima ilusión. Pilló justo la etapa en la que cualquier cosa es suficiente para parecer una persona adulta: como un cigarro en la boca, o ponerse delante de un volante ¡Qué años aquellos, jolines!
Johnny Divino conseguía que al llevar tacones de aguja no cayese como la torpe que era y sigo siendo. O al acompañarme en las diferentes nocheviejas de mi juventud, nunca me quedase helada a pesar de llevar tirantes o palabra de honor… y fue testigo mudo de todo aquello que me sucedía cuando iba vestida con él.
Johnny Divino fue mi pareja ideal para el primer cóctel al que asistí, la boda del primer primo que se casaba, y llegó incluso hasta la jura de bandera de mi hermano Marín. Johnny marcó una época. Y con él se fueron los sueños de esa niña que quería parecer mayor.
Después ha habido otros muchos abrigos, tantos que me parece hasta grotesco. Ahora cuento con más de cuatro o cinco para un solo invierno corto como los que vivimos, pero ninguno tiene ese feeling. Ese estilo. Con ninguno de ellos se escucha a Frank Sinatra, ni siquiera de lejos… .
                       
                      Caridad Bernal Pérez
Caridad Bernal Pérez es licenciada en Biología. Escribe cuentos desde los 12 años. Tengo que preguntarle si fue por la misma época en que conoció a Johnny Divino.

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