jueves, 20 de enero de 2011

DOS POEMAS

UNA LUZ QUE ME QUIEBRA EL CALENDARIO
Esta luz dulce de enero
anuncia un coro verde
a punto de cantar la tierra.
El heno, todavía en las entrañas,
promete pulsos de azúcar
y almohadón en los ribazos.

Aún queda frío en el azul
pero hay flotillas de primavera
que me traen entre sus alas
polizones de sangre caliente.

Mi oído es un niño travieso
escapándose hacia el norte,
allí donde mi primera luz
copula con el silencio:
Un crujir blanco-esperanza
sobre lágrimas de Pirene.

Adivino, junto a las badinas,
hojas de boj y terebinto,
ramitas de acebo y de chordón:
Un muelle de zataras diminutas
esperando el rugir de los mayencos.

Pronto bajarán por el Ebro
los barquitos de mi infancia.


DE MEMORIA

Hoy he vuelto a tu calle
aunque sería más cierto decir
que he vuelto a volver.

Cada retorno alimenta
mi desastrosa memoria
como una gris letanía,
como un recital mecánico,
“Victorioso vuelve el Cid
de San Pedro de Cardeña…”,
en que no sabes del Cid,
ni por qué Pedro fue santo,
ni qué hacía en Cardeña.

Memorizo al repetir.
Ya me sé todos los balcones
dónde nunca se hielan los geranios;
los alcorques donde los plátanos
se van inmunizando lentamente
contra el acre veneno de los perros.

Me sé ya de memoria, por verlos desde siempre,
las mesas de tus bares y el bache de la acera,
el rostro de los niños quedándose en su infancia.
y el gesto de los viejos quedándose tan solos.
Todo cuanto repito lo aprendo de memoria.

Cada día las esquinas de tu calle,
tu pelo hilvanándose en el viento,
los trescientos metros hasta perder tu ventana…
Y así, cada día te pierdo.
Así, cada día te olvido.
Y, sin embargo,
no aprendo a olvidarte de memoria




                                Francisco Rubio






Los dos poemas que transcribimos pertenecen al libro inédito de Francisco Rubio, Camino de Otoño

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