jueves, 4 de noviembre de 2010

LA GORDA

En las oficinas centrales de PROENERGY S.A., moderna y exitosa empresa en la explotación comercial de las energías no convencionales y renovables, tenían un problema pasmoso y bastante peculiar.

En esta pequeña, pero no por ello menos desordenada ciudadela de talentos, ambiciones y vanidades, que estaba llenando portadas y de cuyos logros e innovaciones se hablaba en todo seminario y revista especializada, se había generado un producto propio, que era en gran medida la clave del éxito de PROENERGY y la razón por la cual todo empresario progre quería tratar con ellos y no con otros: habían desarrollado un Prototipo Ejecutivo, caracterizado por tratarse de un conglomerado amalgamado de seres del tipo “IES” (inteligentes, eficientes y seductores).

Este particular producto había sido la más insigne y probablemente menos reconocida herencia que había dejado a la institución el hoy jubilado Heriberto Concha Ryan. En 10 años de no mucho emprendimiento notable y varios chascarros no tan desastrosos, pero sonoros, llevado por sus propios complejos de una infancia y juventud, estética y económicamente imperfecta, había emprendido un acucioso proceso de limpieza, selección y preparación de ejecutivos que había dado como resultado el staff más perfecto y homogéneo posible: todos eran competentes y hermosos, y, además, todos vestían del mismo modo, hablaban de la misma manera, sus hijos asistían a las mismas prívate school, todos jugaban lo mismo en el mismo lugar, asistían al mismo gimnasio, comían en los mismos restaurantes, veraneaban en la misma playa y conocían a la misma gente.

La verdad era que no todos los prototipos IES habían nacido iguales, pero con el paso del tiempo, se habían mimetizado a la perfección. Salvo alguna que otra remembranza romántica a la época en que no eran IES propiamente tal, ya que habían nacido en el lugar equivocado, nadie parecía acordarse de que lo eran por adopción o más bien, por elección, ya que de una u otra manera el viejo Concha Ryan había sido capaz de darse cuenta que ellos tenían material fecundo para esa homologación y ellos no lo habían defraudado.

Así, las oficinas de PROENERGY eran todo un paraje de tránsito y despliegue para estos fantásticos y exitosos prototipos, que salían siempre bien en las fotos y adornaban las sociales de cualquier publicación, pero que no sólo eso, eran además potentes y creativos, y tan agradables que era un gusto negociar con ellos y más aún tenerlos de tu lado, porque la lindura se pega y quienes los contrataban se sentían asimismo IES por accesión.

El problema era que entre tanta perfección y belleza, se les había colado una gorda que les echaba a perder el paisaje.

Como no todo emprendimiento es perfecto, menos aún cuando se desarrolla inconsciente, pero decididamente, resultó que Morelia Flores, la gorda, se fue salvando de los procesos de “poda” al interior de la institución y se fue quedando, instalando. Lo que pasaba es que la gorda, era bien gorda, pero también era inteligente y talentosa, no era ni fea, ni hosca, ni ruda (o sea tenía potencial de mimetización), y cuando don Heriberto estaba formando su ejército de IES ocupaba una posición insignificante, por lo que no acaparó la atención de éste, salvo una vez que la vio y dijo para sus adentros: ¿en qué departamento trabajará esta gorda?...

Y como 10 años no pasan en vano, finalmente la gorda a punta de buena pega y falta de candidatos en el momento preciso, se había ido consolidando e integrando, y cual lunar peludo en una piel tersa, se había transformado en un auténtico problema para la IEC, es decir la imagen estética corporativa.

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La gorda, que se daba cuenta de que era gorda, hacía de vez en cuando sus esfuerzos mecánicos por tomar 3 litros de agua, tragar píldoras quemadoras de grasa y comer lechugas desabridas, pero como toda dieta que hace un gordo consuetudinario, cuya gordura lo ha acompañado por años, no le funcionaba, ya que la soledad de las dietas era un páramo abrumador por el que nunca lograba transitar...

- Mira!... de nuevo la gorda a dieta. ¿Será que la grasa abdominal le tiene un poco atrofiado el cerebro también?. ¿De qué le sirve llenarse de agua si después anda con las migas de queque pegadas en las comisuras?

- Déjala… pobre gorda. Algo tiene que hacer para creer que la fatalidad es la culpable de su horma y no ella misma.

- ¡Mejor que se acordara de eso cuando se zampa el pan en el almuerzo! Si se come hasta la última miga…

- Si no fuera tan gorda, sería hasta rica… si no es nada de fea. ¿Le has visto los ojos?

- No, no sé, ¿tiene?, ¿sabes qué?: nunca podría mirar a una gorda, para mí son como de otra especie, son como las hermanas, no son nunca minas, me cachai?



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El problema político era que en el mundo moderno donde PROENERGY triunfaba, existían todas esas martingalas hipócritas de la no discriminación y los derechos de la mujer, los niños y hasta los bichos. De hecho, de toda esa Eco Conciencia vivía PROENERGY, ese era su negocio.

Ninguno de sus clientes reconocería nunca que les contrataba por buenos y, además, por lindos. Era su ventaja comparativa más notable y sin embargo la más soterrada, porque no era políticamente correcta. Eso era algo que no se decía en voz alta en ningún foro, porque no era apropiado y porque no quedaba bien, aún cuando fuera tan cierto como que el día es día y la noche, noche.

Así pues, echar a la gorda no era la solución. Como la gorda no era tonta, el temor subterráneo era que de echar a la gorda, ésta los llevara hasta las últimas instancias judiciales con toda la exposición y bochorno público asociado. Eso sería simplemente fatal, pues sin duda sus mejores clientes llenarían páginas de quejas si se enterasen del despido una mujer por falta de adecuación estética… inaudito, impensable!, porque en este especial mundo de las apariencias, nadie, ni el más pro, estaba dispuesto a pasar por discriminador, ni mucho menos, de superficial (… que superficial...).

***

Por su parte la gorda, que acostumbrada a gorda, poco se enteraba de su protagonismo, si bien se daba cuenta de que no calzaba con la imagen prototípica del lugar, descansaba en su gordudez e incluso a veces pensaba que a los demás no les importaba que ella fuera gorda.

Junto con las miles de calorías que la habían llevado a ser la gorda, Morelia Flores se había tragado todas las bobadas aquellas de que la belleza real va por dentro, que las personas son importantes por lo que son y lo que hacen, no por cómo se ven, y otras tantas estupideces desarrolladas por alguna psicóloga fea y con bigotes.

La gorda estaba acostumbrada a ser gorda y a escuchar a sus flacas amigas quejarse amargamente porque estaban hechas unas vacas y tenían 2 kilos de más bajo alguna uña después de las vacaciones. Había logrado desarrollar una fina capacidad para no escuchar o más bien para no tomar en cuenta esos comentarios, que eran impunemente pronunciados con prescindencia de ella. Porque la verdad es que así era: sus amigas no la despreciaban, ni deseaban hacerla sentir mal, ni mucho menos, es más cuando hablaban no pensaban en ella… de hecho, ese era el asunto: nunca pensaban en ella como una igual, era simplemente la gorda irredimible, por eso se podía hablar de kilos, celulitis y dietas como si ella no estuviera.

- Morelia, alcánzame el 38, por favor… ¡No hay caso, estoy deforme!! Se me ve un culo gigantesco!

A la gorda ese jeans 38 no le entraba ni en un brazo, pero su querida amiga Josefina, a la cual la gorda siempre acompañaba de compras, no pretendía con ese comentario decir que Morelia era una masa amorfa cuyo trasero enorme recordaba a Jabba The Hutt, no, para nada, ese comentario provenía solamente de la habitual falta de cuidado que se tiene con quien se supone es de una categoría o especie distinta.

- Definitivamente, no como más hasta volver a 36. Mor, si me ves acercarme a algo que no sea una lechuga con agua, me amarras, mira que si sigo así me voy a tener que comprar una túnica para salir a bailar.



***

Mientras más crecían los éxitos de PROENERGY, más evidente se hacía que algo había que hacer con el “problema” que tenían. Se habían posicionado como una marca probada, sus oficinas eran ejemplo de funcionalidad y buen gusto, y sus ejecutivos… bueno, no había otro equipo como ellos en el mercado: la mejor reunión de habilidad y belleza que se pudiera imaginar. Y fue así que “el problema” dejó de ser subterráneo y se empezó, de a poco, a levantar tras las puertas bien cerradas en los círculos de toma de decisiones.

Mateo Jorquera, el líder natural de este selecto grupo, a falta de alguna otra preocupación real, empezó a preocuparse por el tema personalmente. La total magnitud del problema (en todo el enorme sentido de la palabra) se le había revelado cuando las copadas agendas de todo el equipo hicieron necesario que Mateo fuera a visitar a un potencial cliente con Morelia.

Definitivamente esta gorda no combinaba para nada con la deportiva silueta de Mateo, cultivada religiosamente con muchas horas semanales de spinning y spa. Terminada la reunión, estaba seguro que el factor grasa había hecho que el irresistible encanto de su sonrisa desplegada en el momento crucial de la negociación no hubiese surtido sus extraordinarios efectos como era habitual. Mal que mal el gringo rosado y enorme al que habían ido a visitar, debía esperar una muestra de los IES bien dispuestos de PROENERGY y no la gorda que le habían llevado para negociar (gordas como esa de seguro tenía varias hasta en su casa!).

Mateo sabía que las cosas importantes tenía que hacerlas en persona y por eso no titubeó a la hora de tomar las cruciales decisiones que terminaron para siempre con el problema de PROENERGY.

***

Morelia nunca supo cómo se gestó su ascenso. No lo esperaba, al menos no en esta etapa de su carrera. Cuando Mateo Jorquera la llamó para informarle, algunas lágrimas se asomaron a sus ojos, ya que en el fondo de su corazón nunca imaginó que Mateo la consideraría alguna vez para algún cargo. Parte de esas lágrimas eran de culpa y arrepentimiento ya que en más de una ocasión, en su fuero interno, le atribuyó injustamente a éste una cuota superlativa de superficialidad, como la de esas personas menores incapaces de reconocer la valía de las personas más allá de su aspecto. Se sintió realmente mal por haber sido así de injusta con Mateo y por cierto que no tuvo problemas en aceptar el temporal inconveniente de que su promoción no estaría por el momento asociada a un cambio de remuneración ni a un cambio visible de función. Mateo la había elegido a ella, por su experiencia para liderar un cambio estructural de gravitante importancia y si había que sacrificarse por un tiempo, estaba bien dispuesta a hacerlo, no podía defraudar su confianza.

Mateo había sido elocuente (era realmente talentoso con la lengua) y la gorda había ayudado bastante, ya que se había ido derritiendo a sus pies cual mantequilla en pan recién tostado.

Morelia se instaló en sus nuevas oficinas provisorias en el subterráneo del edificio corporativo contenta y optimista. Se llevó una planta para darle más calor de hogar a su nuevo despacho y algunas pocas fotos. Ordenó sus papeles y comprobó que la conectividad virtual funcionaba a la perfección. Inspiró profundo (había algo de olor a moho, pero no le importó) y se sintió feliz.

Antes de cerrar y dirigirse a su montacarga propio y personal, miró con orgullo la reluciente placa: GSI - GERENCIA DE SERVICIOS INCÓGNITOS – Morelia Flores D. – Gerente.


 
                                  Dafne González
 
(Dafne González es licenciada en Derecho por la Universidad de Chile y DEA en Derecho de la Empresa por la Universidad Pompeu i Fabra de Barcelona. En la actualidad, trabaja como asesora legal para la empresa GASCO S.A. en Santiago de Chile).

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