martes, 12 de enero de 2010

HASTA SIEMPRE, RAFAEL MILLÁN



El sábado murió Rafael Millán en Estados Unidos. 
No sé si es inútil luchar contra el olvido, es por eso que temo por la suerte que corran sus recuerdos: el Madrid de los cincuenta, sus poetas, sus ideales; los largos viajes cuando aún eran posibles, descubrir América desde la inocencia; sus historias de amor.
En mayo del año 2007 me envió este poema:


Los días amanecen con cansancios
y temores sin sentido,
como un horizonte oscuro y torpe
que no sugiere destinos o distancias.


Quisiera ver el fin de un entrevisto
límite de atardeceres, de noches 
pobladas de recuerdos y temores
de un porvenir que espera y me asusta.


Pero todo es en vano, y el corazón
late rutinario y sordo a mis preguntas
del cómo y cuándo voy a encaminarme
a no sé dónde, tal vez a ninguna parte.


Conocí a Rafael escribiendo una novela y leyendo, para documentarme, la vieja correspondencia de mi madre. Allí encontré, en los papeles viejos y su tinta descolorida de hace sesenta años, la pasión de un grupo de poetas que vivían encerrados en un Madrid trágico que no podía reprimir ni sus sueños, ni sus ideales. Por eso, a pesar de todo, hoy me parece hermoso ese Madrid que sigo buscando. 
Seguí la ruta de Rafael, hallé su destino en los Estados Unidos y le escribí. Él me ayudó a entender los valores de aquella generación literaria apenas esbozada, hoy del todo perdida, que es la de la primera posguerra española. Y al entablar con él esa relación, pude ayudar a restablecer la que había tenido y había perdido hacía casi sesenta años con mi madre. Lógicamente, entre ellos no sólo hubo cartas, sino también intercambio de poemas.
En una de sus cartas, Rafael envió a mi madre un soneto suyo antiguo (creo que inédito), en dónde se preguntaba eso que hoy, ante su ausencia, nos preguntamos todos


En este pecho, que acuciante mide
la honda madurez de mis dolores,
un niño es macizo de temores,
sólo un niño tenaz que pide y pide


saber... y no saber. Y se decide
por un latir desnudo de clamores.
Fiel metrónomo tibio de estertores,
la zarabanda de su fin preside.


Danza en mi pecho -en este mundo mío-
esperando el momento en que se abra
en pedazos, rehuída la pelea,


por caer vertical en el vacío.
Vacío -pienso-, y duele la palabra
en el aire de otoño que la orea.


Mi madre contestó a su carta con un soneto de Martín Descalzo, dándole su respuesta. Pienso ahora que este diálogo reciente fue un revivir de lo que tuvo que ser aquel Madrid de los cincuenta, en algunas calles, sotabancos y mesones de la ciudad. No es imposible, por lo tanto, vencer al olvido. 
Ahí va el soneto que envió mi madre a Rafael con su respuesta, que lo es también para mí, creo que para todos:


Estamos solos, flores, frutas, cosas.
Estamos solos en el infinito.
Yo sé muy bien que si esta noche grito 
continuarán impávidas las rosas.


Junto a mi llanto seguirán gloriosas
las azucenas, si las necesito.
No sufre el árbol por mi amor marchito.
No lloran por mi sed las mariposas.


Canta el mar a la orilla de mi llaga.
Su melena de estrellas florecida
sobre el hambre del hombre el sol pasea.


Amé las cosas y esa fue su paga:
seguirán vivas todas sin mi vida,
la luz continuará sin que la vea








6 comentarios:

  1. Me ha encantado el "estamos solos, flores, frutas, cosas" del soneto de tu madre.

    Qué bonitos y qué tristes, esos poemas.

    Débora.

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  2. Menudo regalazo de Año Nuevo!!
    Extraordinario legado el de Rafael, el de tu madre y el de esta Generación de la posgurra a medio descubrir, pero que no caerá en el olvido porque una vez descubierta, se injerta a la vida y cae de mano en boca, de boca en alma y del papel a las alas, pero nunca, nunca toda una Generación puede ser olvidada.

    Una de las cosas que he aprendido en el máster es, que de lo que no se habla es como si no existiera; y otra de las cosas que he aprendido mirando alrededor es, que muchas de las cosas de las que se habla, no existen..

    Ellos sí existen, y cada vez que hablemos de ellos existirán otro poco más. Es precisa la arqueología para contar la historia. En la literatura sucede un tanto igual.. Los dos sonetos me han encantado, pero especialmente, la intrahistoria que los adereza!!!
    ¿Alguna recomendación en particular para seguir leyéndolos? Colgarás algo más de ellos, verdadddd???
    Un abrazo de enero, fuerte para entrar en calor!!!

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  3. Hola Evoé. Espero encontrar pronto un editor para la novela que terminé hace unos meses y que recoge poemas e historias de algunos poetas de aquella generación. La mayoría ya no están con nosotros.
    Rafael Millán publicó hace años una antología de esa generación. El libro puede encontrarse en algunas bibliotecas universitarias. Allí encontrarás los nombres de estos poetas, y algunos de sus poemas.
    Un abrazo y gracias por el abrazo

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  4. Amigo Jose María, con su permiso le enlazo en un pequeño post sobre la muerte de Rafael que hemos hecho en nuestro Círculo.

    Por si le interesa saberlo, se está organizando un recital y una exposición en su pueblo natal, Castro del Río, para recordarlo.

    Un afectuoso saludo.

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  5. Se aleja la figura de Rafael, lo veo caminar llevando sobre sus hombros el peso de su vida, tantas cosas de las que me hubiera gustado conversar, tantas preguntas.
    Se aleja Rafael, su memoria y su historia oída desde la infancia.
    Esto es importante, esto merece la pena: saber que Rafael existió, que Rafael escribió y que quedan sus palabras.
    Un recuerdo para aquellos que vivieron en el territorio de las palabras. Que permanezcan, como los versos que Rafael envió a mi madre en su última carta, versos que emocionan y que son una lección de vida:

    "Ni quiero ya más.
    Estoy en paz conmigo
    y declaro unilateral
    alto el fuego, si hay
    hostilidades pendientes por nimias
    que sean.
    En paz estoy conmigo,
    repito,
    y con vosotros."
    Descanse en paz Rafael, quede entre nosotros.

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  6. Entristece el fallecimiento de Rafael.
    Pero conforta leerle decir que lo hace en paz; en paz con los demás y, sobre todo, en paz consigo mismo.
    Que los suyos encuentren consuelo.
    Efectivamente, descanse en paz.

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