jueves, 29 de octubre de 2009

UN HOMBRE TRISTE

El día 1 de noviembre Rafael Millán cumple 90 años. Lo celebra en su casa, en Watertown, en Massachussets. Rafael es un destacado representante de la poesía de la primera postguerra española. Una década ignorada, perdida, como una isla que estuviera ahí, sin que nadie la viera.

Tras la Guerra civil, la referencia poética en España siguió siendo la generación del 27, cuyos miembros continuaron escribiendo tanto desde el exilio, como en España. El canon poético que impusieron algunos de sus más dignos representantes (desde su condición de catedráticos de Universidad), apenas dejó ver la huella que en la poesía española había dejado la tragedia de la guerra a través de nuevos nombres, no permitió la emergencia de la nueva sensibilidad de la derrota con otra expresión que la de los poetas más representativos con anterioridad a la contienda. Recientemente, una novela de Antonio Orejudo, Fabulosas narraciones por historias, ha puesto de manifiesto la importancia de la imposición de un canon oficial en la literatura española de los años veinte y treinta.

Pero durante los años que siguieron al final de la Guerra Civil española y hasta mediados de los años cincuenta en que se comienza a imponer un nuevo ritmo poético marcado por la poesía social (nuevo ritmo que coincide en el tiempo con el cambio de rumbo político que toma la dictadura), se hace en España una poesía que se escribe desde el fracaso, desde la humillación, desde la pobreza, desde la plegaria, y desde la esperanza.

Rafael Millán creó en 1951 una memorable colección de poemas que da fe de aquél grupo de poetas. Ágora: Cuadernos de poesía. Me lo imagino cuidando las ediciones en la vieja imprenta en la que trabajaba como tipógrafo, apostando el poco dinero propio que no sobraba, buscando suscriptores. Era el Madrid de los escombros. Pero algunos veían más allá.

Los viajeros no regresan (es la diferencia que les distancia de los turistas). Rafael se marchó de España en 1957. Cinco años antes, en 1952, había publicado en Madrid su libro que a mí más me gusta, porque constituye un exponente claro de esa poesía de la primera postguerra de la que hablo. Se tituló Un hombre triste.

Rafael es consciente de que sus compañeros poetas de aquellos años eran un grupo que escribía desde una sensibilidad propia, y así lo destaca en la antología que publica en 1955 sobre su generación, Veinte poetas españoles. En éste y en otros trabajos él apuntó algunas características comunes a todos ellos. Yo pienso que de entre todas, lo que verdaderamente caracterizó a aquellos poetas fue la tristeza. Algo tan bello como eso, tan puro, tan limpio.

Copio aquí el primer poema de Un hombre triste, de Rafael Millán.

Felicidades Rafael, por tu vida plena.


LA tristeza vendrá
como barco al garete desde lejanos fríos
bullirán en la sangre sutiles alfileres,
entrecruzados hilos.
El sueño de viador
encerrado en el pecho,
morirá lentamente, débil y acobardado,
porque vivir, a veces, en tan sólo
un temblor bisílabo en los labios,
un no saber si el alma se ha dormido
en el barro esperando.

Duele esperar sentados en la tierra
acariciando nuestra sombra amigo,
cuando se siente la garganta seca,
las manos ateridas;
duele esperar si la alegría se marcha
por no se sabe qué escondidos ríos,
sin saber por qué cauce desbordado
nos quedamos vacíos.

La tristeza vendrá como un viento
de sorpresa —pájaro indeciso—.
La tristeza vendrá...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . .

(La tristeza ha venido.)

2 comentarios:

  1. No conocía a este poeta, aunque quizá me hubiese tropezado con su nombre alguna vez. Buena semblanza y buen poema.

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  2. En general, la generación de poetas que escribe en España durante la década de los cuarenta no es nada conocida. Hace unos meses acabé una novela que estoy intentando publicar y que retrata a algunos de estos autores. José Luis Hidalgo es, de entre ellos, uno de los más interesantes.

    Es curioso que muchos de estos poetas dejaron de escribir para siempre a comienzos de los cincuenta, y el resto cambió de sensibilidad, pasándose (en su gran mayoría), a la poesía social.

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