sábado, 26 de julio de 2014

INFANCIA

Construimos una patria en la infancia. Después nos la destrozan. No somos capaces de defenderla.

No sucede de repente (me refiero al fracaso), aunque hay momentos especialmente trágicos.

Algunos luchan más que otros por defender su patria. Hay unos pocos que no la olvidan; la recuerdan con la melancolía de las derrotas, pero no la olvidan. Por eso, cuando tienen hijos, resucitan y temen. 

El recuerdo se ilumina y la tragedia se anuncia. Las manos indignas del fracaso logran apenas tocar una patria nueva, como la que pudo contemplar el que atravesó el desierto para no llegar a ninguna parte.

jueves, 27 de marzo de 2014

MUJERES



Mujeres. Mujeres caminando en el frio de la mañana. Mujeres en la oscuridad. Mujeres en las nubes. Mujeres robándole palabras al tiempo. Mujeres en la ciencia investigando y además investigando la longitud del vacío y el desprecio.  Mujeres haciendo brillar objetos. Mujeres radioactivas. Mujeres escribiendo en la sala común. Mujeres escondiendo su talento en sus manos ociosas. Mujeres bajando los ojos pero viendo. Mujeres revolucionando la estructura de la novela. Mujeres haciendo películas.
Jóvenes mujeres en 1928, en Cambridge, escuchando a Virginia; asombradas, esperanzadas, inquietas. Mujeres ahora en el teatro, escuchando a Virginia, conscientes y atentas.
Virginia escribiendo, Virginia sabiendo que su libro Una habitación propia será publicado en 1929, pero no tendrá reseñas y será considerado, ¿cómo? ¿Demasiado femenino? ¿Demasiado vehemente?
Mujeres atravesando el tiempo y llegando hasta hoy. Mujeres herederas de mujeres; derivando nuestra vida de las vidas de las desconocidas que nos precedieron.
Mujeres.

                                  María Pérez Collados

 

domingo, 16 de febrero de 2014

MUJER AFRICANA


Voy a contarte 
que una mujer camina horas enteras por la senda de un sueño 
el polvo le besa los pies, 
las piedras juegan como niños con sus tobillos cansados 
las nubes la guían porque desde el cielo ven 
ven todos los caminos 
ven todos los peligros

Voy a contarte 
que una mujer que habla con los pájaros 
se queda dormida todos los días mirando el mar 
y recuerda que por el mar se fue hace mucho tiempo 
y pregunta a la lluvia si lo ha visto 
y pregunta al viento si acaso le va  traer una palabra suya

Voy a contarte 
que una mujer cultiva la tierra y la tierra le habla 
y ella le da agua y aliento y caricias 
y la tierra como si fuera un animal le come de las manos

Voy a contarte 
que una mujer está 
levantando el mundo con sus manos  


                         María Pérez Collados

jueves, 16 de enero de 2014

UN HILO EN MIS RECUERDOS

En mi pueblo había un convento de Capuchinos. Se llegaba hasta él a través de dos hileras de cipreses, muy altos, como si quisieran horadar el cielo. Un grupo de niños íbamos un día a la semana a lo que llamábamos "el rebañito", clase de religión, dada por el Padre Leonardo. Han pasado muchos años, El Convento está derruído. Sólo de él se conserva el frontispicio que se mantiene enhiesto, como un milagro. En la parte superior, el campanario, huérfano de campana, es un hueco vacío donde, en la primavera, anidan las cigüeñas. Los cipreses se han ido secando. Apenas se sostienen algunos. 

Pero, en mi imaginación, los relatos del Padre Leonardo están vivos, como grabados a fuego. Había vivido en Italia y la tenía en el corazón. Nos contaba que por la geografía italiana había ciudades atalayas muy antiguas. Y que una de aquellas ciudades era Asís, clara y luminosa, lugar místico y hermoso que parecía irradiar bienaventuranza. Que era más antigua que Roma y poseía una pureza y frescura irresistibles. Que sus casas construidas con piedras del lugar eran de un suave color entre el rosa y el amarillo. Y que, a los pies de la colina de Asís, estaba la basílica de Santa María de los Ángeles, con el interior oscurecido por cuatro siglos de rezos a la luz de las velas. La basílica incluía una capillita del siglo IV que San Francisco restauró y alquiló por un cesto de pescado al año. Más arriba, pegada a la ladera del monte Subastio, se divisaba la triple basílica donde reposaban los restos de San Francisco. En la Iglesia inferior se custodiaba un andrajoso hábito de San Francisco, sus sandalias, su bedición manuscrita y el famoso retrato que de él pintó Cimabue.

Cuando el padre Leonardo hablaba de San Francisco se transfiguraba y su rostro enteco se hacía más afilado, como si lo cubriera la sombra del santo de Asís.

El pueblo andaba revuelto. No volvimos al "rebañito". El Padre Leonardo, huyendo de la persecución, caminó monte a través. Sus sandalias de badana marrón a tiras sobre la piel de sus pies no era aptas para el suelo montesino con guijarros, tomillos y romeros. Debió de tropezar. Porque lo encontraron muerto, con la cabeza abierta, golpeada por una piedra.


                                                                            Maruja Collados

sábado, 4 de enero de 2014

VOLVER Y PRESENTAR UN LIBRO

Llegué de viaje el día 20 de diciembre. Con todas las Navidades por delante. Es un viaje en coche que suele llevarme unas cuatro horas, pero fueron más porque me confundí en una variante o como se llame ese tipo de desvíos. No había manera de regresar a la autovía. Así que a la autopista. Se trataba de ahorrarnos el peaje y lo que conseguí fue prolongar el viaje durante una hora y sumar 29 euros de autopista. Durante muchos años pensé que mi habitual torpeza para la vida quedaba justificada y era causada por mi condición de escritor. También pensaba que para ser escritor no hacía falta escribir (sobre esto alguna buena reflexión de Hegel, por cierto).
 
La presentación de nuestro último libro de relatos (Recuerdos del Porvenir) fue muy bien. Fernando Sanmartín y Santiago Gascón no fallan y mi hermano, que completaba la mesa, tampoco. Yo llevaba la cara ensangrentada por el mordisco que me había propinado mi perro días antes. Tienes que explicar qué te ha sucedido, porque la gente se te queda mirando la nariz sin decir nada, ves en sus ojos que te miran la nariz ensangrentada y no dicen nada, así que te ves obligado a dar explicaciones. Te gustaría decir que fue una pelea callejera o un accidente con alguna enjundia, algo más sugerente que el mordisco de tu perro.
 
Los actores, Arancha, Manuel y mi hermana estuvieron muy bien. Deberíamos cobrar en las presentaciones porque son muy bonitas, ninguna editorial escenifica los libros que presenta. Nosotros damos mucho en eso, por no hablar de que ilustramos los libros con ilustraciones a color; y si seguimos así nos vamos a terminar de arruinar porque ya no se venden libros ni en las presentaciones. Algo hacemos mal, desde luego, pero no son los libros, de eso estoy seguro. El problema está en lo demás, lo que viene luego y a lo que no dedicamos tiempo.
 
Nos fuimos a cenar. Antón Castro llegó a la cena y nos sentamos juntos. A las copas de después nos quedamos los de siempre, con Olga Bernad y Angos como perennes amigos, buscando un último bar. Olga me dio sus Cisnes Negros. Lo tengo aún sin leer, pero me dicen que es maravilloso.
 
Las Navidades ya no es un tiempo por delante, sino por detrás. Ahora viene el invierno. No estoy de acuerdo en que abril sea el mes más cruel; yo creo que es febrero.
 
Hace unos días hablé con Andrés García Inda acerca de un libro que su editorial, Sibirana, tenía planeado editar. Quizás fuera una buena idea hacer una coedición con ellos. Hay que comprar los derechos a Gallimard, pero no supondría mucho dinero, y sería una traducción difícil, pero tenemos una buena traductora. El proyecto sería memorable.
 
He estado enfermo estos últimos días. No sé si todo tiene sentido o a todo le podemos encontrar sentido. El caso es que gracias a eso he podido estar más tiempo con mi madre.
 
Me quedan dos días antes de volver. Detrás del regreso está el invierno, pero es porque mis regresos ya no son un volver, sino un ir. Siempre un ir.  

viernes, 29 de noviembre de 2013

RECUERDOS DEL PORVENIR

El recuerdo es el futuro. Porque no somos otra cosa. 

Creemos que recordamos, y no es cierto. Casi todo se pierde. Apenas unas pocas horas de nosotros sobreviven, y son las que terminan por darnos la poca vida que tenemos. 

Nuestros recuerdos. Esas ruinas de nosotros mismos. Las columnas quebradas que sostienen el aire de lo que fuimos, como el recuerdo de Grecia, el perfume de mi madre, o el olor a pan de la infancia.

Recuerdos del porvenir es un libro de cuentos, recuerdos de quince autores iluminados por otros tantos ilustradores.


Recuerdos del Porvenir es el próximo libro que publica ediciones Nuevos Rumbos. Lo presentaremos el día 20 de diciembre. Os daremos pronto más detalles. 

 

martes, 15 de octubre de 2013

LLORONA

Llevo un tiempo llorando sin parar. Los martes y los domingos. Y también los sábados. Aunque no se me ve. Lloro delante del espejo y tumbada en al cama. Casi nunca se desbordan mis lágrimas, porque se quedan suspendidas en los ojos. A punto de saltar y agujerear el suelo. Como ácido sulfúrico.
Lloro de emoción en las bodas. Aunque los contrayentes no me afecten muy directamente. Lloro de tristeza en los entierros. Aunque tampoco me afecten directamente. 
Lloro cuando debo llorar y también lloro cuando no debo. Lloro de alegría. Y también de pena, como lloraba cuando niña. Lloro por las guerras, por el hambre y por los huracanes. Lloro cuando me devora la impotencia, claro.
Llevo un tiempo llorando sin parar y de verdad. Lloro y es como si tuviera dentro una brigada de limpieza. Sin detergente. Sin espuma. Sin lavadora. Aunque con centrifugado y secado. 
Lloro cuando se acaban todas las palabras. O están tan escondidas y tan alborotadas que no consigo ordenarlas. Lloro en los cumpleaños. Lloro con las canciones y las despedidas. Lloro después de hablar por teléfono. Y, a veces, antes. Lloro cuando me gusta lo que leo. Lloro las pocas veces que voy al cine. Lloro en las cenas con los amigos, donde se brinda y se exalta la felicidad y el tiempo compartido Y el tiempo desaparecido. Lloro viendo los talk shows de la tele: esa parte de la televisión que es ficción fabricada con sentimientos verdaderos. Lloro por lo que más quiero. Lloro por los besos. Lloro en verano, Y lloro cuando llueve, que es cuando mejor se llora, como de camuflaje. 
Lloro también cuando me ronda la cabeza la idea de que, algún día, diré adiós a mis hijos. Lo más hermoso y bueno que ha habido siempre en mi vida. Y lloro pensando que un poco perpetuada en ellos, yo seguiré estando en su recuerdo. 
Llevo algún tiempo llorando sin parar y empiezo a conocer el mecanismo. Primero se me encoge el estómago. Luego se me ponen telarañas en los párpados. Más tarde se me congelan las orejas. Y aparecen las lágrimas que quedan en equilibrio, como carámbanos de sal. Lloro cuando veo a un amigo. Lloro mirando el paisaje desde el coche. 
Llevo un tiempo llorando por todo. Y no lloro como un acto de la voluntad, sino obedeciendo a mi cuerpo: de manera involuntaria, incontrolada. Aunque no me atrevo a escribir que indeseada. Lloro y el llanto me parece una extraña ITV de la vida. 

Maruja Collados